La historia inacabada

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«Su vida no tenía sentido, o al menos eso era lo que él pensaba desde que tenía doce años. Siempre había estado bajo el mandato de sus padres, y rara vez había conseguido hacer lo que realmente deseaba. Ahora con treinta años, la situación había empeorado. ¿Era su culpa por no haberse revelado a temprana edad? Él quería tener su vida, pero le daba miedo decepcionar a sus progenitores, sin contar que el sueldo que ganaba en la tienda de regalos no le daba para vivir. Ese era otro de sus problemas, llevaba desde los veinte trabajando como dependiente de la tienda de regalos de unos amigos de sus padres, al principio fue para hacerles un favor, ahora se había convertido en una obligación. Daba igual cuanto hubiera estudiado, no podía ejercer como profesor porque aún no había comenzado a prepararse las oposiciones por falta de tiempo, y la verdad es que Miguel comenzaba a creer que su vida era un auténtico…»

El timbre sonó y Julia miró el reloj de su ordenador. La una de la noche. ¿Quién podría llamar a la una de la noche? Miró el primer párrafo del que sería su segundo libro como autora novel. Le faltaba solo una palabra para acabarlo y ya no la recordaba. El timbre volvió a sonar por segunda vez, pero con más fuerza, como si a alguien le urgiera que le abriesen, y Julia se levantó para ver quién era. ¿Qué más daba ya? Había perdido la concentración que la soledad de la noche le daba.

Cuatro pasos fueron suficientes para llegar a la puerta, su piso no era extremadamente grande, vivía de alquiler ya que los derechos de autor de su primer libro y el sueldo no le daban para más. Miró por la mirilla, pero la luz del descansillo estaba apagada y solo podía escuchar la respiración de alguien detrás de la puerta.  Volvió a mirar al reloj, esta vez el que estaba colgado en la pared, la una y tres minutos. ¿Quién podría ser a esas horas? Daba igual, no iba a abrir, y menos sin ver quién estaba detrás. Se alejó de la puerta y volvieron a llamar, pero esta vez no sonó el timbre, sino unos golpecitos sobre la madera. Por debajo de la puerta vio que habían encendido la luz del descansillo y por unos segundos se pensó el volver a mirar. El miedo, porque Julia era bastante miedosa, le decía que ni se le ocurriera, que echase la llave y se sentase en el sofá esperando a que todo pasase; pero lo que tenía de miedosa lo tenía también de curiosa, y al final volvió a mirar.

Un ojo totalmente rojo la miraba desde el otro lado de la puerta, totalmente pegado a la mirilla. Julia se apresuró a taparse la boca para no gritar del susto, mientras su cuerpo se iba hacia atrás y se caía al chocarse con una de las macetas que su madre se había empeñado en comprarle para que le alegrara la casa. Tras la puerta se escuchó una risa perturbadora, jamás había escuchado una risa así. Su cuerpo temblaba del susto, pero parecía que la risa se alejaba por las escaleras y Julia se arrastró hasta la puerta, se puso de pie y volvió a mirar de nuevo por la mirilla. Para su suerte, ya no había nadie.

Con la mano en el corazón, se sentó en el sofá esperando a que se le pasara el susto. Seguramente solo sería una broma de cualquiera de los niños del bloque, pero ¿a cuenta de qué? Era 29 de diciembre, el día de los Inocentes ya había pasado, por no hablar de Halloween. No tenía sentido alguno, pero tenía que ser una broma. Julia no se había dado cuenta, pero sus manos no pararon de temblar desde que vio aquel ojo por la mirilla, y no era de extrañar. Siempre había sido muy miedosa, le encantaba todo lo que tuviera que ver con el terror y lo paranormal siempre y cuando estuviera acompañada y viviera con más gente, pero desde que se había independizado, era incapaz de ver si quiera películas de terror por muy mal que estuvieran hechas, y ya ni hablemos de los típicos programas en los que se hablaba de misterios, fantasmas y psicofonías. Simplemente, le aterraba.

Siguió observando todo a su alrededor en el silencio de la noche, mientras dudaba si irse a dormir a la cama o pasarse la noche en el sofá y, entonces, se dio cuenta, había demasiado silencio. Cierto era que ya estaba entrada la noche como para que hubiera algún ruido, pero pocas veces había estado el edificio tan silencioso como ahora, ¿por qué no se escuchaba ni el camión de la basura? Y ahí fue cuando retumbó en todo el piso el sonido de un bote de metal al chocar con el suelo. Julia miró dirección al pasillo, a pesar de no querer hacerlo, y vio venir rodando un bote de espray que guardaba en uno de los estantes del baño al final del pasillo. Rodó y rodó, y Julia lo siguió con la mirada, sin querer levantar esta para no enfrentarse con lo que estuviera en el baño, y el bote solo paró cuando la pata de una silla interrumpió su recorrido. «Habrá sido una corriente de aire», quiso convencerse a sí misma sin importarle que el baño no tuviera ventanas. Aun así, no levantó la mirada.

Se acomodó en el sofá, con el móvil al lado ya listo para llamar a su madre en caso de que le pasara algo, y con una manta que la cubría como si eso la fuera a proteger de todo mal. No quería darle la espalda al pasillo ni a la puerta, pero tampoco era capaz de mirar a ninguno de los dos. Unos pasos, casi como si arrastraran los pies, se escucharon venir del baño, y su corazón empezó a latir con más violencia. Las uñas de lo que fuera rasgaban las paredes como si las estuviera afilando, sus lágrimas comenzaron a brotar. Temblaba, hiperventilaba y quería salir corriendo, pero era incapaz de moverse. De reojo, miró al pasillo y lo vio. Dos metros de alto, totalmente en los huesos, cabellera tan larga que le llegaba a la cintura, pero no podía saber si era hombre o mujer. Solo era capaz de verle un ojo, el mismo ojo tan rojo como la sangre que había visto al mirar por la mirilla.

Aquello paró en mitad del pasillo. «Estás soñando, estás soñando, estás soñando…», se repetía una y otra vez como si de un mantra se tratase. «Si te enfrentas a él, se irá», se dijo a sí misma. Y armada de valor, Julia levantó la mirada hacia el pasillo y la imagen del ser fue más horrenda todavía. Aquello comenzó a reírse con la misma risa siniestra del descansillo, pero Julia intentó no achantarse. Solo bastaron dos segundos para que aquel ser parara en seco de reírse y corriera hacia Julia, abalanzándose sobre ella y…

«Ding dong».

 

*

 

Prompt basado en:

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«Escribe una historia sobre un escritor escribiendo una historia, y que una serie de eventos extraños ocurren cuando llaman a la puerta y lo interrumpen cuando está a punto de terminar su primer párrafo.»

Fuente: reedsyprompts

Hotel Blumen: Capítulo I

Hotel Blumen

Si hubiera podido, hubiera dicho que no. No es que a Chloé no le gustara viajar, al contrario, le encantaba, pero pasarse una semana en Berlín para acudir a un seminario sobre el estado actual y los avances de la educación europea no era su ideal de viaje, por muy tentadora que fuera la idea de pasar una semana allí a gastos pagados. Sin embargo, la editorial para la que trabajaba le había encargado ser la editora y correctora del libro que publicarían a finales de ese año en el que se hablaría sobre las diferentes metodologías de enseñanza en Europa, y no se podía negar a ir a ese seminario, pero no todo eran desgracias para Chloé. Por suerte tenía a Milo.

Milo había sido su compañero de universidad aunque luego sus caminos se separaran por haber elegido diferentes especialidades. Ahora él se había convertido en un gran profesor en uno de los colegios más prestigiosos de Londres, y en cuanto su jefe le preguntó si conocía a alguien que los pudiera ayudar con el desarrollo del libro, Chloé no se lo pensó dos veces al nombrarlo. Todo eso implicaba que Milo se veía obligado a ir con ella al seminario en Berlín, aunque a él sí que le hacía más ilusión que a ella. Y es que, ¿cómo no estar ilusionado? No se había visto en otra. Le pagaban el viaje, la comida y la estancia, solo trabajaría por las mañanas y por las tardes, tras los seminarios, tendría tiempo de hacer todo el turismo que desease. Él era la ilusión personificada, mientras que Chloé sabía lo que implicaba un viaje de negocios y cada vez le daba más pereza tenerlos.

*

A falta de una semana para su viaje, la editorial solo había comprado los billetes de avión, pero no tenían hotel donde quedarse. Milo nada más que hacía preguntarle a Chloé, y Chloé le daba largas como podía mientras presionaba a su jefe para que no se dejara ir mucho. Dos días antes de que cogieran el avión, por fin tenían el hotel y estaba todo organizado, si es que a eso se le podía llamar organización. En cuanto el jefe de Chloé le dio toda la información relativa al viaje, ella se puso a investigar sobre qué autobús deberían de coger en cuanto llegaran a Berlin, las líneas de metro y, lo más importante: dónde estaba su hotel y las reseñas que tenía. Aquello era lo que más preocupaba a Chloé, pero para su sorpresa no tenía malas reseñas ni mala nota en los diferentes portales web, e incluso las fotos lo hacían parecer de calidad.

Dos días mas tarde, ya estaban montados en el avión camino a Berlín, Milo disfrutando de una película que se había descargado, y Chloé aguantándose la risa por la serie que estaba viendo, a pesar de que estaban el uno sentado al lado del otro. El vuelo fue agotador, pero para fortuna de ambos no hubo contratiempos, ni siquiera para entenderse con el bus ni con las líneas de metro (¿quizá porque estaban acostumbrados al de Londres?). Una vez bajaron del metro, comenzó la auténtica aventura.

Google Maps indicaba que su hotel debería estar a unos setecientos metros desde donde se bajaron, todo en línea recta, pero el cargar con las maletas mezclado con el frío de Alemania hacía que pareciera que estaba a kilómetros, y nada más llegaron a donde Maps les indicó, ambos se quedaron mirando la calle buscando aquel “hotel” que tanto prometía, pero no había nada. Chloé miraba de un lado a otro, y luego volvía a posar la vista en Milo, y su compañero hacía exactamente lo mismo hasta que por fin dio con el lugar.

— ¿No es ese? —preguntó antes de dirigirse al pequeño portal del que solo se distinguía una placa arriba en la que ponía “Pensión Blumen.” Chloé, sin embargo, no dio ni un paso y volvió a mirar el móvil para asegurarse de que no se habían equivocado de camino. ¿Cómo era posible que aquel lugar fuera un hotel? Para empezar, en el cartel que tenían colgado ponía “pensión”, pero en su página web ponía hotel. Las fotos del portal coincidían con el mismo portal, mas había una pequeña diferencia: que estas parecían retocadas. Y por último, había algo que no le terminaba de convencer. No estaba segura de lo que sería, pero no le gustaba.

La puerta estaba cerrada para sorpresa de ambos, y lo único que había era un portero al cual llamaron. Chloé sentía que aquello debía ser una broma, que se habían equivocado de lugar. ¿De verdad alguien había comprado un edificio antiguo y había gastado su tiempo y su dinero en reformarlo para que fuera un hotel? Milo fue el valiente que llamó al portero ya que Chloé parecía demasiado escéptica como para siquiera decir algo. Un minuto después, la puerta se abrió y, aunque a Chloé le hubiera gustado decir que se encontró con la típica belleza alemana estereotipada que las películas de sobremesa de los sábados venden, lo cierto es que no fue así. Ante sus ojos se presentó una mujer mayor, de alrededor de unos 55 años según Milo y de unos 60 según ella (Milo solía ser más fiable en estos asuntos), Tenía el cabello canoso, pero no gris ceniza, sino ese gris plateado casi blanquecino que solía quedar tan bien, y unos ojos claros de color celeste. Chloé pensó por unos instantes que esa mujer cumpliría con lo dicho antes si no fuera por su demacrado rostro.

— Bienvenidos al hotel Blumen —expresó la mujer en un perfecto inglés para la sorpresa de ambos.

— ¿Hotel? Pero en la entrada pone pensión. —Milo miró a Chloé con la típica mirada que los amigos se echan cuando uno es demasiado impertinente, avergüenza al otro o simplemente dice algo que está fuera de lugar.

— Apenas recibimos la acreditación de hotel y aún no hemos tenido tiempo de actualizar nuestro cartel debido a todos los formularios que hay que rellenar y… —la mujer se interrumpió a sí misma tosiendo mientras los guiaba dentro y subía las escaleras hasta recepción.

“Escaleras…” pensó Chloé dejando que un suspiro a modo de queja escapara de sus labios, atrayendo la mirada de Milo. Estaba seguro que él había pensado lo mismo que ella en ese instante. No había demasiados peldaños, pero después del metro y la caminata desde la salida de este hasta el “hotel” con las maletas y mochilas, ninguno de los dos podía más.

La recepción parecía bastante moderna si se tenía en cuenta el estilo de la fachada y lo que habían visto hasta ahora, aunque más que recepción parecía un despacho pero, ¿para qué criticar más un hotel que no era hotel? Chloé ya le comenzaba a quitar hierro al asunto y a dejar de echarle miradas cómplices a Milo que hacían más de una referencia al lugar y a la mujer que tenían en frente. Fuera de todo aquello no hubo ningún problema más, bueno sí… la recepción solo abría de ocho de la mañana a ocho de la tarde, cosa que, por lo menos a la chica, no le hizo ninguna gracia.

Una vez tuvieron las llaves de sus respectivas habitaciones, se dirigieron al ascensor (algo bueno tenía que tener el lugar), y cuando llegó y abrieron la puerta, se encontraron con un hueco un tanto claustrofóbico. “¿Esto es un ascensor o un montacargas?” Preguntó Milo con cierto sarcasmo del que Chloé se rió antes de entrar primero en el ascensor. Como si estuvieran jugando al tetris, ambos consiguieron montarse y una vez llegaron a la segunda planta, abrieron la pesada y antigua puerta del ascensor y se quedaron inmóviles ante la imagen que tenían en frente. No es que hubieran tenido la mejor impresión del lugar nada más llegaron, pero aquella estampa hizo que ambos quisieran salir corriendo antes de preguntarse en qué clase de sitio los había metido su jefe.

Solo iluminada con la luz del ascensor se presentaba ante ellos una especie de sala con diferentes pasillos dependiendo del número de habitación (por suerte para ellos tenían habitaciones contiguas), y en esa sala había varios muebles tapados con sábanas blancas, como si hubieran sido abandonados allí. A ninguno de los dos les hizo gracia ver aquello, y tras el impacto del primer momento, decidieron encaminarse hacia sus habitaciones. Los pasillos no es que fueran mucho mejor. Las luces no eran automáticas, por lo que tuvieron que ir a oscuras hasta que encontraron el interruptor, y una vez que lo encontraron, la luz no duró más de 20 segundos encendida.

— Habitaciones 24 y 25, aquí están. —comentó Milo después de que Chloé fuera corriendo a volver a encender la luz del pasillo. Cualquiera diría que lo había hecho para poder ver mejor y así abrir la puerta sin problemas, pero la verdad era que no le inspiraba confianza aquel lugar y prefería no quedarse a oscuras.

— Nos vemos en 15 minutos. El que esté listo primero que llame a la puerta del otro. —y tras aquello, entraron en sus respectivas habitaciones para poder dejar las maletas y acicalarse un poco antes de comenzar con su visita turística por Berlín.

Veinte minutos más tarde, se encontraron en la puerta de Chloé. Milo se había quedado mirando una puerta que había en su mismo pasillo y que, a pesar de que tenía el cartel de “W.C,” también se le añadía otro de “Solo personal autorizado.” Él era así, un hombre curioso, tan curioso que no se aguantó las ganas y giró el pomo para intentar abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.

— ¿Para qué querrán cerrar con llave un baño? —cuestionó en voz alta antes de que Chloé se acercara a él y le diera un golpe en la espalda para hacerlo andar y que pudieran salir de allí cuanto antes.

— Yo que sé, vámonos antes de que se vuelvan a apagar las luces.

Coming back: de vuelta al trabajo

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, unos cuantos meses en realidad, así que debo disculparme. Han pasado muchas cosas en el último año, y todas buenas la verdad, o así es cómo lo veo yo. ¿Os acordáis que entre los propósitos del año pasado estaba aprobar el C1, acabar la carrera y no sé si añadí ir a Disneyland? Pues los cumplí, so not bad at all. Todo fue con un poco de suerte, la verdad, pero bueno, alguna vez me tendría que sonreír.

El motivo de esta entrada es contaros los planes que tengo para el blog, que a diferencia del año pasado, no me he apuntado a lo de las 56 historias porque no es lo mío. Sin embargo, he pensado traeros un par de historias a largo plazo y algunos relatos cortos. También pensaba en que a lo mejor podría retomar Instagram peeeeero, tengo que ver bien qué contenido podría subir.

Y bueno, entrando en matería, ya tengo planeado qué dos historias a largo plazo planeo llevar. Una de ellas se la debo a un compañero que me ha dado la idea (gracias) por un viaje que hemos hecho. Cuando escribía el borrador de esto, estábamos viajando a la ciudad en la que estará ambientada la historia (que no nombraré por nuestra seguridad) y espero poder traeros los primeros capítulos pronto.

La otra es una que llevo tiempo planeándola pero que no me he puesto a escribirla porque no me termina de convencer cómo se está desarrollando, así que seguramente cambie algunas cosas. Lo tengo que mirar bien.

Y bueno, creo que eso es todo hasta ahora. Nos vemos pronto, pero no prometo nada porque cada vez que lo hago, no lo cumplo.

El león hambriento. Reto 1 #LiterUp

Reto 1: El argumento de tu relato es tu chiste preferido.

La vida en el zoo había sido siempre dura para todos los animales que allí vivían, no importaba lo bien que los cuidaran las personas que trabajaban en el recinto, o lo bien atendido que estuvieran ellos, al final los animales continuaban teniendo una serie de necesidades que allí no podían cubrir. Pero la cosa se agravó cuando el zoo quebró y lo desahuciaron. Despidieron a todos los empleados y los animales quedaron a su suerte en aquel recinto al que ya nadie acudía hasta que los nuevos responsables decidieran qué hacer con ellos. Había escasez de alimento y, aunque la armonía siempre había reinado entre todos los animales del zoo, aquella fina barrera se iba quebrando a medida que el hambre apremiaba.

Un día, el león que se había autoproclamado como rey del zoo, por el simple hecho de ser un león (he decir que no todos los animales estaban de acuerdo, los tigres habían decidido formar un grupo por su parte, y así varios depredadores más), convocó una reunión entre sus súbditos a la que acudieron por el miedo a que el león los comiese a modo de represalia. La reunión no fue la más grande de la historia del zoo, pero al menos fueron los animales necesarios para lo que el león tenía planeado, y una vez los reunió a todos, se sentó en a piedra más alta de la que había en su antigua jaula, y proclamó:

— Aquél animal que cuente un chiste que haga reír a todos los animales aquí reunidos, se salvará de mi ira y de mi hambre.

Los animales se miraron sorprendidos los unos a los otros, ¿quién debería comenzar? ¿Quién sería el valiente que contaría el primer chiste? ¿Conseguiría hacer reír a todos los animales? Entonces, el león gritó: «¡Que dé un paso al frente el primer voluntario!» y todos dieron un paso atrás menos un pobre conejito que estaba demasiado ocupado acicalándose las orejas y el bigote. El animal miró a un lado y al otro y entonces se dio cuenta de que le había tocado ser el primero ante la traición de sus compañeros.

— ¡Comienza, conejo! —el conejo se quedó callado por unos segundos pensando en el mejor chiste que conocía, y entonces empezó.

— ¿Sabéis cómo se llama el hermano vegetariano de Bruce Lee? ¡Broco Lee!

Todos los animales estallaron en carcajadas, incluso el león no pudo evitar reírse, pero entre la multitud hubo un animal que no hizo ningún gesto. Una tortuga miraba a todos con confusión sin entender de lo que todos se reían, y el león, al verlo volvió a su seriedad y miró al conejo. El pobre animal se quedó petrificado en el sitio, y el león saltó sobre él y sin más lo engulló de un bocado para después volver a su roca. «¡Siguiente!»

Un oso, que aún se andaba riendo del chiste del conejo, fue empujado al frente por unos traidores que no querían enfrentarse al león. El oso pasó de reírse de inmediato y se rascó la barbilla con sus zarpas mientras pensaba en algún nuevo chiste.

— ¿Qué le dice un árbol a otro árbol? —comenzó el oso para seguir con una pausa dramática. — ¡Nos han dejado plantados!

Todos comenzaron de nuevo a reírse, menos la tortuga que seguía impasible ante los chistes de sus compañeros, y el león, antes de que el oso pudiera hacer cualquier gesto, se lanzó sobre este y comenzó a comérselo.

Ya saciado, pero aún con gula, el león se subió a la roca e hizo un gesto con su pata para llamar al siguiente. Todos se callaron, y un caballo, confiado de su gracia natural, dio un paso adelante y comenzó a contar su chiste. Un chiste incluso peor que los anteriores.

— ¿Qué hace un pato con una pata? ¡Caerse!

Nadie se rio, y mucho menos los patos allí presentes, pero entre aquel silencio, una risa resonó y todos se quedaron mirando a la tortuga. Esta no podía parar de reírse, y ante la mirada atenta de todos los animales, incluso de la del león, dijo:

— ¡El chiste del conejo! ¡Ja ja ja! ¡Buenísimo!

Chiste original:

Hay una escasez de comida en la selva, el león propone contar chistes y el que haga reír a todos los animales se salva, si no lo matan.

— El conejo cuenta un chiste buenísimo y todos se ríen menos la tortuga, matan al conejo.

— El oso cuenta un chiste buenísimo y todos se ríen menos la tortuga matan al oso.

— El caballo cuenta un chiste malísimo y nadie se ríe y empieza la tortuga a reírse a carcajada y dice: el chiste del conejo buenísimo, buenísimo jajaja.

Propósitos 2018

propositosComo dije ayer, aquí va una corta lista de mis propósitos para el 2018. ¿Lograré cumplirlos? Lo dudo, pero al menos lo intentaré.

  • Acabar la carrera (si no la acabo ya con una asignatura que me queda, me voy de retiro espiritual).
  • Sacarme el C1 de inglés.
  • Aprender un nuevo idioma.
  • Cumplir reto 50 libros.
  • Escribir una historia por semana.
  • Crear una historia para el blog.
  • Ser más activa en el blog
  • Aprender lettering.
  • Aprender a pintar con acuarelas.

Y creo que eso son todos los propósitos. En este post iré actualizando y tachando los que se van cumpliendo.

¡Nos vemos pronto!

Bye bye 2017

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Estaba dudando de si hacer este post o hacer el de mis impresiones sobre Sentido y Sensibilidad (Jane Austen) que me acabé hace unos días. Pero teniendo en cuenta de que se acaba el año, creo que es más conveniente hacer un resumen de este, aunque solo haya estado con vosotros “medio año” porque no he sido precisamente muy activa en esta plataforma por mi falta de organización (no, no sé organizarme).

Antes de meterme en todo el embrollo de “feliz año nuevo” y un largo etcétera, me gustaría dar las gracias con sinceridad a las personas que han seguido este blog y le han dado “me gusta” a las pocas entradas que he escrito. Me hace muchísima ilusión ver que a la gente le gusta lo que lee aquí, da igual si es una persona o son veinte, ya una es más de lo que espero. También dar las gracias a las personas que me han seguido en Instagram, ahí soy un poco más activa (relativamente), y sé que mis fotos no son las mejores, pero bueno lo intento. Muchas gracias de corazón.

Y ahora sí que sí empiezo con mi resumen del año 2017. No es el peor año que he tenido, pero tampoco es uno de los mejores. Si soy sincera, empecé diciendo que el 2017 iba a ser mi año, que iba terminar por fin la carrera, que me sacaría el C1 de inglés, que presentaría el TFG (trabajo de fin de grado), que aprovecharía el tiempo, que intentaría aprender un nuevo idioma… ¿Adivináis cuántas cosas he cumplido? Solo la de presentar el TFG. Triste, pero cierto.

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El año empezó bien, de verdad que lo hizo (y no puedo evitar reírme mientras escribo esto), pero poco a poco fue empeorando a excepción de unos picos en septiembre que mejoró el año durante unos días. Adjunto gráfica para que se vea la evolución.

La primera mitad del año bien, pero llegó la segunda mitad y fue desastre tras desastre. Me he pasado más tiempo enferma en esa mitad del año, que sana. El centro de salud ha sido como mi segunda casa y creo que la médica ya estaba harta de mí. En serio, salía de una y entraba en otra y así sucesivamente hasta el día de hoy (30 para mí, 31 para vosotros) que estoy resfriada nivel: no poder respirar, sumado al dolor de garganta. Y yo me estoy riendo al escribir esto, pero ha sido un no parar.

Lo más destacado de este 2017 es que me he ido de viaje. Lo hice un poco a traición de mis padres porque primero compré las cosas y luego lo dije en casa, pero bueno, sino sabía que no iba a ir. El viaje fue especial porque conocí a una amiga de hace muchos años por primera vez. La conocí por internet porque estábamos en la misma asociación y nos hicimos muy amigas, hacíamos Skype, jugábamos juntas, nos “flipábamos” juntas (yo escribía historias fangirls para que ella se flipara) y etcétera, y la verdad es que conocerla era un asunto que teníamos pendientes. Así que como somos fan del estilo de música kpop, y somos muy fans del grupo BIGBANG, y G-Dragon (líder de la banda) estaba de gira por Europa, vimos la oportunidad de ir a su concierto en Birmingham y así conocernos las dos. También tuve la oportunidad de conocer a otra amiga a la que fui a visitar en el viaje de vuelta a España, total, ¿por qué no? Tenía ganas de abrazarla. Y solo puedo decir que ese fue el mejor fin de semana de mi vida. Exacto, no del año, sino de mi vida. Sinceramente creo que ese viaje compensó (y ha compensado) todo este año de m… que por fin se acaba.

No voy a cometer el mismo error en 2018 que cometí a principios del 2017. No voy a decir que este año va a ser mi año (ya que empecé el 2017 con mucho optimismo y me lo han minado día tras día), así que solo diré que el 2018 me deparará sorpresas, y espero que buenas.

También espero que este 2018 el mundo cambie un poquito para bien en general, y que todos los que estéis leyendo esta entrada ahora mismo tengáis un montón de buenos momentos. No dejéis que el 2018 os como vivos como a mí me ha pasado con el 2017. Este año seremos más fuertes, seré más fuerte.

¡Feliz año nuevo! Tened cuidado con las uvas (si las coméis) y a ser felices.

Mañana, 1 de enero, post con mis propósitos/retos para el 2018.

¿Por qué no tengo activo el blog? ¡Mil disculpas!

Sé que prometí muchas cosas cuando comencé este blog, pero sinceramente no he tenido tiempo. Mis mañanas se han basado en estudiar para exámenes que tengo próximamente (el lunes y el martes) en los que me juego acabar por fin la carrera. Mis tardes se han basado en ir a dar clases cuando debía o en estudiar cuando las tenía libres, y mis noches en ver series, algún programa, leer y/o dormir.

Sé también que tengo muchísimas cosas pendientes, como el reto de los relatos al que me apunté y que… va a ser todo un reto ya que el plazo termina el 31 de diciembre. Acabaré sin imaginación, lo sé.

Pero también vengo a decir que hay un sitio que sí mantengo activo, quizá no todos los días, pero sí todas las semanas y ese es mi Instagram, bueno, el instagram del blog. Ahí voy subiendo fotitos que voy haciendo de los libros y funkos que tengo y podréis saber más cosas de mi. También de los libros que estoy leyendo actualmente o me he leído en algún momento de mi vida, así que os invito a seguirme si queréis.

A partir de la semana que viene, espero que el miércoles o a muy tardar el jueves, publicar el primer relato del reto. ¡Deseadme suerte en los exámenes! La necesitaré.

Os dejo foto del perfil de instagram para que sepáis cuál es. Si me seguís, decídmelo, dadle amor, hacérmelo saber aunque sea por MD, dejadme saber lo que os parece o en qué lo debería mejorar.

¡Hasta el miércoles!

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